
La vida humana, el trabajo, el movimiento, la oralidad y la cultura toda producen frecuencias audibles. El entorno sonoro es el complejo espacial y temporal en el cual se interceptan códigos: señales acústicas cargadas de sentido de procedencia natural, animal, humana, oral, rural, urbana, industrial, artística, voluntaria e involuntaria, privada y pública, frecuencias por sobre y debajo de la percepción humana que tejen un dispositivo cultural. Cada individuo y comunidad convive con las sonoridades naturales del espacio geográfico que habita y con aquellas que resultan de los modos de vida de cada habitante y de la actividad social en su conjunto. Es por eso que el entorno sonoro – más visiblemente aquellos urbanos donde el ruido encumbra las actividades económicas, de progreso e industriales – manifiesta expresiones de poder específicas y conflictos simbólicos. El paisaje sonoro consiste en un recorte consciente del entorno sonoro, el cual puede o no ser registrado fonográficamente, implica una actitud perceptiva consciente por parte del sujeto.
El criterio de paisaje sonoro transpone la problemática del estudio del ambiente acústico desde los espacios habitacionales, particularmente enfocados desde la molestia que produce el ruido, hasta los espacios urbanos abiertos de uso colectivo, estudiados a partir de la capacidad de los sonidos de dar identidad y calidad a un espacio. El sonido de una localidad particular puede manifestar la identidad de una comunidad de tal manera que los distintos espacios pueden ser diferenciados por su paisaje sonoro.
En este sentido el presente taller dio como resultado colectivo la elaboración de un compilado auditivo de los Paisajes Sonoros resultantes de la experiencia llamado MENDOZA SONORA https://valentinaspina.bandcamp.com/album/mendoza-sonora. Esto representará un aporte fundamental en la introducción de los Estudios Sonoros en la FAD.

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